Con el objetivo de garantizar la seguridad eléctrica a largo plazo y reducir la dependencia de los ciclos hídricos, el Gobierno paraguayo ha iniciado estudios técnicos para considerar la energía nuclear como una alternativa viable. El país, referente regional en hidroelectricidad, busca ahora nuevas fronteras tecnológicas.
ASUNCIÓN – Paraguay, reconocido mundialmente por su abundancia en recursos hidroeléctricos gracias a las colosales represas de Itaipú y Yacyretá, se encuentra en un punto de inflexión. Ante el crecimiento sostenido de la demanda interna y la variabilidad climática que afecta el caudal de sus ríos, las autoridades nacionales han puesto sobre la mesa un tema históricamente tabú en el país: la energía nuclear.
La iniciativa, que ha comenzado a ser analizada en los estamentos técnicos y legislativos, responde a una visión prospectiva hacia las próximas décadas. Según fuentes del sector, el modelo actual, aunque limpio y eficiente, presenta una vulnerabilidad ante las sequías prolongadas, un fenómeno que se ha vuelto más frecuente en la región.
La inclusión de la energía nuclear no busca reemplazar a la hidroelectricidad, sino actuar como una energía de base estable y constante que complemente el sistema nacional. El Gobierno busca evitar que, en un futuro cercano, Paraguay pase de ser un exportador neto de energía a un país con déficit energético debido a la rápida industrialización y el aumento del consumo residencial.
A diferencia de las gigantescas plantas nucleares del siglo XX, Paraguay está centrando su interés en los Pequeños Reactores Modulares (SMR, por sus siglas en inglés). Esta tecnología de nueva generación ofrece varias ventajas adaptadas a la realidad paraguaya:
Menor Inversión Inicial: Requieren menos capital y espacio que las centrales convencionales.
Seguridad Avanzada: Poseen sistemas de enfriamiento pasivo que minimizan riesgos operativos.
Flexibilidad: Pueden instalarse de manera escalonada cerca de centros industriales, reduciendo las pérdidas por transmisión eléctrica.
Para avanzar en esta ambiciosa hoja de ruta, Paraguay ya mantiene vínculos estrechos con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Los estudios actuales se centran en el desarrollo de la infraestructura legal, la formación de capital humano especializado y la selección de posibles sitios que cumplan con los rigurosos estándares internacionales de seguridad sísmica y ambiental.
Asimismo, se han observado con interés los modelos de países vecinos como Argentina y Brasil, que ya cuentan con trayectoria en el sector nuclear, buscando posibles alianzas para el intercambio de conocimientos y mejores prácticas.
El camino hacia la "era atómica" en Paraguay no está exento de obstáculos. El principal reto, además del financiero, es la aceptación social. Las autoridades son conscientes de que existe una necesidad imperante de transparencia y educación pública para disipar los temores asociados a la seguridad nuclear y la gestión de residuos.
Organizaciones ambientales y sectores de la sociedad civil ya han comenzado a solicitar espacios de debate para discutir los impactos a largo plazo y asegurar que cualquier paso hacia esta tecnología se dé bajo un consenso nacional y con las máximas garantías de protección al ecosistema paraguayo.
La apuesta por la energía nuclear es, en el fondo, una apuesta por la soberanía industrial. Al garantizar un suministro eléctrico ininterrumpido y a precios competitivos, el país se posicionaría como un destino aún más atractivo para la inversión extranjera, especialmente en sectores que requieren un uso intensivo de electricidad, como la producción de hidrógeno verde y la gran industria manufacturera.
De concretarse esta posibilidad, Paraguay dejaría de ser solo "el país de las represas" para convertirse en un pionero regional en la transición hacia una matriz energética diversificada, resiliente y de vanguardia.